Una lección espiritual que podemos aprender con la pesca

Una lección espiritual que podemos aprender con la pesca

Muchas veces, los demonios utilizan la misma técnica de los pescadores para atrapar a las personas distraídas ¿Alguna vez ha pescado? Si usted ya pasó por esa experiencia, sabe que no es una actividad simple. Esta exige mucha paciencia y técnica. Por ejemplo, muchos novatos, luego de que sienten al pez morder el señuelo, de inmediato jalan el anzuelo. Pero los pescadores más experimentados enseñan que se debe aflojar el hilo, dejando al pez cómodo durante un tiempo. ¿Cómo atrapar un pescado? Primero, el pez ve el señuelo. Interesado en aquel objeto atractivo, se acerca y lo muerde. No obstante, no sabe que ya mordió el anzuelo (un tipo de gancho). Ya es tarde para aquel pez, él fue pescado. En seguida, el pescador suelta el hilo en lugar de jalar. Porque, así, al pez no le extraña el movimiento brusco y mantiene el anzuelo en su interior. Al final, cuando menos se lo espera, el pescador jala el hilo. Los demonios hacen la misma cosa Muchas veces, los demonios utilizan la misma técnica para atrapar a las personas distraídas. Primero, muestran el pecado con una muy buena apariencia (la cual llamamos “tentación”). Ellos van alimentando aquellos pensamientos, que se convierten en emociones, que son, en otras palabras, deseos del corazón. Entonces, la persona se deja llevar por lo que está viendo. Y, “muerde” el pecado. Al inicio, no pasa nada malo. Aparentemente, continúa frecuentando las reuniones en la iglesia, mantiene sus oraciones. Sin embargo, ya está condenada al infierno y no lo nota. Como el diablo no jala de inmediato el “hilo”, va alimentando aquel pecado con el paso del tiempo. Por último, los espíritus malignos hacen el movimiento final, arrastrando a la persona a la perdición eterna. No hay vuelta atrás. Dios le está avisando: cuidado El profeta Jeremías, inspirado por Dios, dejó una advertencia: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9). Con respecto a este fragmento bíblico, el obispo Edir Macedo aclara: “En realidad, nadie, sinceramente, sabe cuán perverso es el corazón. Seguirlo es lo mismo que seguir las orientaciones de una persona perversa, cuyo nivel de crueldad es completamente desconocido”. Por eso, no guíe su vida según su propia voluntad. Por el contrario, elija vivir de acuerdo con el deseo de Dios. Abandone su “yo” y haga lo que el Espíritu Santo desea —aunque sea en contra de su voluntad.