¿Reír o confiar?

¿Reír o confiar?

¿Existe alguna cosa difícil o imposible para Dios? Cuando Abraham recibió la promesa de Dios, él tenía 75 años, y su esposa, Sara, ya era de una edad avanzada, incluso, no era más una mujer fértil, por lo que era imposible para ellos tener un hijo biológico. Sin embargo, Dios había prometido a Abraham que de él nacería una gran nación. Para una persona que no tiene ojos espirituales, aquello era muy difícil de creer. Y para Sara lo fue, pues al escuchar las palabras del propio Dios, su respuesta fue reírse para sus adentros y preguntar: “¿Después qué he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo?”, (Génesis 18:12). La actitud de Sara nos muestra que no debemos considerar a Dios como un hombre, pues el hombre está sujeto a fallas. Pero Dios, no. Él cumple Su Palabra siempre. Abraham iba a ser bendecido por esa Palabra y su función solo era obedecer y confiar. Esa es nuestra función en los días actuales. Sin importar los años, Abraham confió y fue padre por primera vez a los 75 años. Y luego a los 100 años tuvo a Isaac. La confianza en la Promesa de Dios fue más fuerte que sus miedos, inseguridades y todo lo que iba a desanimarlo. Decidió confiar y no reírse ante una promesa tan grande. Así es la visión de una persona espiritual. Ella confía sin importar qué, pues su confianza se basa en la Palabra de Dios y no en la palabra de personas, familiares, conocidos, ni famosos. ¿Qué elige usted hacer? ¿Reírse ante las promesas o confiar en ellas? Su decisión es lo que lo hará mantenerse de pie. Reflexione y tome una actitud.