La vida y el equilibrio

La vida y el equilibrio

Cuando pienso en la palabra equilibrio, me imagino aquel equilibrista de circo caminando en la cuerda floja, dejando todos boquiabiertos con su habilidad. A pesar de todas las fuerzas opuestas empujándolo, él se mantiene caminando. Si por algunos segundos el equilibrista toma los ojos y la mente de su foco y los pone en la platea, caerá. El equilibrio genera armonía y crecimiento, mientras que el desequilibrio lleva a la caída ya menudo a traumas. Sólo que no es siempre que logramos alcanzarlo, porque naturalmente nuestra naturaleza pasea entre dos polos extremos: 8 o 80. Ser una persona actualizada y bien informada es provechosa, pero ser alguien que sólo tiene ese tipo de contenido es un desastre! ¡No es bueno vivir desbordando informaciones y tampoco vivir alienado! Es molesto estar con personas tímidas y retraídas, pero las personas arrojadas y hablantes son totalmente inconvenientes. Tener facilidad para hacer amigos y tener muchas amistades es bueno, pero necesitar de ellos todo el tiempo es una dependencia. Tener discernimiento para observar y conocer las reacciones de las personas es bueno, pero si se apresura en el juicio y la condenación trae Juicio Divino. Ser una persona sensible para percibir el sufrimiento ajeno, condolecerse y ayudar es excelente, pero ser sensible a punto de ser llorona, débil, que no administra las propias emociones, es un problema. Así es en todo en la vida, como en la alimentación, la apariencia, el trabajo, el cuidado con la familia, las actividades físicas, etc. Dios es la fuente del equilibrio que tanto necesitamos. Solo nosotros no conseguimos tenerlo. Sólo una vida guiada por el Espíritu Santo vence los conflictos interiores y exteriores, las presiones y las exageraciones. Muchas veces sabemos qué hacer, pues ya nos fue revelado, pero resolvemos coquetear con las ideas seculares que empujan hacia los excesos. Es el caso del jugador de fútbol con la pelota en el pie que está a punto de hacer el gol. Él escucha los gritos de la hinchada y resuelve dar una mirada. Por supuesto que va a perder la mira del gol y su oportunidad ciertamente se va. Vivir es como caminar en una cuerda floja. A veces pasamos más tiempo cayendo, cuidando las heridas y levantando de lo que propiamente andando, rs. Tener equilibrio para no inclinarse hacia las fuerzas que nos tiran es muy difícil. Cada uno decide por sí mismo qué voz oirá: de la platea o del cielo. Pero, piense que sólo una le llevará a completar su recorrido! Fuente: Núbia Siqueira / Foto: Internet