El pecado y su síntoma

El pecado y su síntoma

La Palabra de Dios afirma: “Porque la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23). Eso muestra que la consecuencia llega para aquellos que cultivan el pecado. El obispo Edir Macedo lo explica en su blog: “el pecado es una enfermedad que lleva al alma a la muerte eterna”. “De manera semejante al cáncer, este se propaga silenciosamente. Así como muchos de los que tienen cáncer viven sus vidas normalmente, sin buscar tratamiento, por no saber que llevan la raíz de la muerte en su interior, los que viven en la práctica del pecado también acostumbran a llevar sus vidas normalmente, sin buscar reconciliación porque no saben que en su interior llevan consigo la raíz que los llevará al infierno”. ¿Y cómo saber si está en el pecado? Así como el cáncer y las demás enfermedades fatales, el pecado presenta síntomas. El principal de ellos es la desobediencia. El obispo incluso afirma que el pecado puede estar muy bien escondido, pero las acciones y reacciones de desobediencia de una persona lo denuncian. Esa desobediencia puede ser la punta del iceberg del orgullo, la malicia, la envidia, la altivez, la falta de temor, de apartarse de Dios, del egoísmo, del relajamiento espiritual, de la ganancia y de todos los demás pecados. “Esta es una injusticia que da la señal de muchas otras injusticias. Por eso, quien desobedece la Palabra del Altísimo o a la autoridad constituida por Él, probablemente tiene uno o varios de esos males en su interior”, concluyó el obispo. Busque No ignore la desobediencia, que es el síntoma que puede ser un aviso o una advertencia para que usted note que algo está mal y que a partir de entonces, tenga la oportunidad de empezar a hacer lo correcto. Por eso, si usted ha reaccionado de manera desobediente, en algún aspecto que se refiere a las cosas de Dios, necesita buscarlo lo más rápido posible. “Los que Lo ignoran, rechazan el trato con humildad y el arrepentimiento, desperdician la oportunidad de ser curados y descienden a la muerte eterna”, finaliza el obispo Edir Macedo. Tal vez usted, lector, desconozca la existencia de ese mal en sí mismo, pero, a partir de ahora, tiene la comprensión necesaria para identificarlo y, si es el caso, librarse de él.